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Terapia Sónica

En estética, el uso del ultrasonido es muy amplio. Este se usa para tratar las várices, tonificar y oxigenar la piel, combatir la celulitis y la retención de líquidos. Asimismo, su uso es apropiado para tratamientos posoperatorios; por ejemplo, evita el encapsulamiento de prótesis mamarias o baja los edemas y hematomas luego de una liposucción. Además, se utiliza para tratar lesiones de acné o lograr una buena cicatrización de heridas, entre otros.

Las ondas que emiten los equipos de ultrasonido son ideales para tratamientos de drenaje linfático ya que mejoran la permeabilidad de la piel, es decir, ayudan a la penetración de los principios activos. Cuando las ondas se transforman en calor provocan la dilatación de los folículos pilosos de la piel y de las glándulas sudoríparas, teniendo como resultado un incremento del flujo sanguíneo de la zona a la que se aplican.

El uso de terapia sónica genera en la piel diferentes procesos con efectos fisiológicos y terapéuticos. Los efectos mecánicos generan un micromasaje, cavitación, aumento de la permeabilidad de las células, mejoras en la liberación de toxinas y separación de las fibras de colágeno. Los efectos térmicos se producen debido al efecto mecánico, elevando la temperatura de los tejidos y provocando una aceleración del metabolismo, vasodilatación y cambios en las características del colágeno. Por otro lado, el efecto térmico favorece la cicatrización, la regeneración celular, la extensibilidad y la relajación de los tejidos de la piel.